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Llevar a mi hijo junto a mi pecho me habla de confianza. Corazones que hablan entre sí, se escuchan, aprenden, se sienten seguros uno del otro.

Me habla de tiempo necesario, lleno de calor y cercanía. No te dejo sólo, aquí estoy contigo. Te veo crecer en todo detalle.

Miro hacia abajo y ahí te veo observando hasta los más mínimos detalles de luz y color; otras veces te veo dormir, tranquilo, apenas te mueves, no te espantas, como quien está totalmente seguro; como si toda la vida se detuviera en el mundo y solo existiera un corazón que late y un cuerpo para abrazar y sentir.

Portear a bebé Benjamín es todo un reto, es toda una maravilla. Llevarlo conmigo me muestra un mundo alternativo, nuevas posibilidades, la mayor parte olvidadas y que se revelan desde lo pequeño:

Ante un mundo que desecha, extermina y rechaza, un mundo que acoge toda la vida en todas sus asperezas y bondades.

Ante un mundo que huye a los compromisos, un mundo que se hace responsable a cada momento y brinda respuestas.

Ante un mundo que maltrata, un mundo que atiende y cuida, impulsado por un cariño intenso.

Ante un mundo que grita, un mundo hecho de testimonio, silencio y diálogo oportuno.

Ante un mundo que vive preso del «no tengo tiempo», un mundo que brinda a cada cosa su espacio. Que no se rinde ante el cansancio, para el que siempre hay momentos de juego, de risas, para hablar y escuchar, para caminar.

Ante un mundo «adulto», un mundo inocente, que admira y cuestiona.

y es que el pequeño estrena todo, le impresiona la vida que se ve y se escucha, que se queda quieta y canta.

Ante un mundo que solo habla y escribe, un mundo que se involucra, se hace testimonio, habla desde la práctica.

Ante un mundo que no se detiene, un mundo que contempla y admira, siente y ve crecer. Un mundo que se sigue sintiendo en camino.

Este mundo hecho de personas, de naturaleza, de creatividad y de vida.

Lo pequeño me abre la conciencia a la vida en todo su esplendor.

Tu creces y yo lo hago contigo; me muestras un mundo cada día nuevo, maravillas insospechadas por un adulto que olvida poco a poco gozarse de todo lo que le rodea.

Llevar a Benjamín conmigo es un placer; magia de la que no quiero perderme. Le acompaño todos los días, para que no se me escape ningún detalle de su despertar a la vida.

Un abrazo, con el corazón en la tierra y a caminar.